
Recuerdo unas curiosas sensaciones de mi infancia, cuando subía al pajar situado detrás al otro lado de la casa, me asomaba a la ventana desde donde podía ver a lo lejos esas misteriosas Bardenas, recuerdo que las miraba durante un rato y mirándolas poco a poco me sentía bien, me sentía muy bien.
Entonces no sabía porque, pero con el tiempo he comprendido esa paz que veía en ese paisaje de esa tierra que mis abuelos trabajaron y amaron, las Bardenas.
Foto: Olympus E-30, zuiko 12-60, polarizador



